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Destructores de la madera. Agentes abióticos

Entre los agentes destructores de la madera podemos distinguir principalmente dos tipos: los agentes bióticos (seres vivos) y los abióticos.

Los agentes abióticos actúan directamente causando daños leves, exceptuando la exposición a un fuego prolongado. Sin embargo ejercen una acción previa que facilita la actuación de los agentes bióticos (hongos e insectos).

En este artículo nos centraremos en los agentes abióticos, siendo los agentes bióticos objeto de un análisis posterior.

Los principales agentes abióticos son:

  • El agua: Penetra en los huecos de la estructura de la madera, saturando las fibras y rellenando los conductos tubulares, lo que provoca hinchazón en la misma. Afecta fundamentalmente al duramen, facilitando la acción de los hongos de pudrición y manteniendo unas condiciones de hábitat idóneas para insectos xilófagos, termitas, etc…

Por otra parte, la pérdida de agua excedente por desecación produce mermas en la madera, favoreciendo la aparición de grietas que pueden producir patología indirecta en elementos de ensamblado y apoyos.

  • El sol: La radiación solar influye fundamentalmente a través de los rayos ultravioleta. Estos rayos degradan la lignina, atacando la madera más blanda de la albura, produciendo desfibramiento superficial, aparición de crestas y valles, fotodegradación superficial etc.., afectando a las caras expuestas de los elementos de madera exteriores.

Este agente no afecta mecánicamente a la estructura.

  • Variación de temperatura: La madera soporta bien los cambios de temperatura si éstos son lentos y progresivos. Cuando se producen bruscamente, aparecerán en la madera fendas superficiales que posibilitan la acción de los hongos y la penetración de la humedad, favoreciendo así el posterior ataque de los insectos xilófagos.
  • El fuego: Aún siendo combustible la madera, su comportamiento frente al fuego es mucho mejor que el acero, que en apenas 15 minutos de iniciado el fuego ha perdido aproximadamente la mitad de su resistencia. Debido a su bajo coeficiente de dilatación, la madera dilata lentamente tras la retracción inicial producida por su desecación y por la acción protectora de la carbonización superficial. Ello produce una resistencia duradera al conservar las fibras leñosas una buena capacidad residual, conservando la mayoría de los casos intacto el duramen.

Para aclarar un poco más este último punto, cito una de las investigaciones realizadas por el Laboratorio de Experiencias e Investigación del Fuego del INIA sobre el “Comportamiento al fuego de la madera y sus estructuras”:

“El fuego ataca de forma relativamente lenta y progresiva la madera. Por debajo de 2750 grados solo desprende vapor de agua, gases piroleñosos y CO2, lo que dificulta el ataque del fuego. Por encima de los 2750 grados la reacción es exotérmica y a partir de los 4500 grados resta un residuo sólido (carbón de madera) susceptible de quemar y por tanto de causar daños estructurales y el colapso estructural”.

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